viernes, 14 de julio de 2017

EL SUEÑO DE JESÚS SOBRE NUESTRA PATRIA

"Hagan lo que él les diga"  (Jn 2, 5)

Celebramos en este mes a Nuestra señora del carmen, Madre y Patrona de Chile. 

Será bueno echar un vistazo a la historia de Chile, hecha de tantas paginas heroicas que nos llenan de admiración y otras en las que descubrimos el dolor, la marginación de este pueblo que camina con tantas pobrezas en su mochila. Por eso su ternura de madre está tan presente en el corazón de este pueblo. Si ella es nuestra Madre: ("Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19, 26). Es obvio que ella está siempre atenta y preocupada. Nos dice hoy, como a los sirvientes de las bodas de Caná: "hagan lo que él les diga" (Jn 2, 5)... No es difícil descubrir SU SUEÑO ni tampoco por qué está María intercediendo por nosotros: Les falta el vino de la alegría, el pan de la reconciliación, la solidaridad y la justicia... y tantas y tantas cosas más. 

I. ¿Cuál es el sueño de Jesús, el Señor de la historia, para nuestro país? 

Oigamos lo que nos dice el corazón: 

        Sueño en una patria grande más solidaria y fraterna, donde no se compita a zarpazos sino que se comparta como hermanos donde los que poseen más apoyen estructuras más justas, que creen una mayor igualdad, para que haya crecimiento con equidad.

           Sueño en un país donde se fortalezca cada vez más las conductas de modestia, de solidaridad, de justicia y equidad, y se rechacen, en cambio, el talante individualista, la competitividad desenfrenada, la existencia de una cultura del consumo sin frontera y todo alarde de ostentación, de exitismo y apariencia. Todo esto rompe nuestra convivencia social, ensancha nuestras diferencias y crea un clima de resentimiento y potencial violencia.

      Sueño en un país donde se destierren los egoísmos y ambiciones para que se convierta en una buena tierra buena y solidaria, donde todos quepan y ninguno estorbe, donde nadie dé rodeos cómodos y egoístas como el levita y el sacerdote de la parábola del Buen Samaritano, aquel hombre despojado y golpeado sin piedad (Lc 10, 25-37). 

     Sueño en una patria grande y buena, donde todos vivan con dignidad, sean respetados y valorados, donde cada niño tenga una escuela, cada enfermo un hospital, cada trabajador un salario estable, justo y digno que le permita alimentar a su familia, educar a sus hijos y gozar entre los suyos de la intimidad, el afecto y el descanso que se merece, sin que nadie tenga que emigrar en busca de pan y seguridad con resultados inciertos y con frecuencia dolorosos por el desarraigo.

    Sueño en que todos los empresarios del país, sean lúcidos, creativos y emprendedores, para que sus empresas se agranden para bien del país, de sus obreros y el suyo propio, y donde sus trabajadores sean tratados con cercanía y respeto, pero sean también ellos responsables y comprometidos. 

      Sueño en un Chile donde nadie -incluidos los pueblos autóctonos e indígenas- se sienta excluido ni marginado, donde todos tengan voz y voto en la elaboración de un proyecto común y colectivo de país, en el que nadie quede al margen de la fiesta de la vida y todos sean invitados a servir, a disfrutar y a compartir. 

      Sueño en una patria buena en la que no germine el desencanto, la frustración, la insolidaridad, la mentira, la corrupción y la violencia, donde la preocupación de unos sea defenderse de los otros, donde cada uno pueda respirar tranquilo y la seguridad de todos no se vea amenazada por la violencia de unos pocos.  

         Sueño en que cada familia sea un "hogar", es decir, un espacio abierto a la ternura, al dialogo, a las preocupaciones compartidas, a la alegría de convivir en la intimidad, el respeto y la admiración del otro. 

        Sueño en una patria donde los padres no se cansen de estar juntos, de dialogar sin prisas, donde se respeten, se sonrían y se besen a solas y ante sus hijos y jamas lleguen a rupturas insalvables que crean soledad y sufrimiento intolerable.  

     Sueño en una juventud con la mirada abierta, la mano extendida en gesto de solidaridad la sonrisa fresca en los labios y el corazón solidario y comprometido con toda causa digna y justa. Sueño en una juventud que rechaza el temor paralizante ante lo nuevo, la superficialidad del amor, el desencanto frente a las dificultades y lucha con pasión por la justicia, la libertad y la reconciliación. Sueño en una juventud que no se contente con destruir lo que estorba sino que tenga el coraje de construir lo que falta. 

      Sueño que los mayores descubramos y acojamos los lugares de encuentro de nuestros jóvenes, sus deseos y rechazos, sus apuestas de futuro, sus grandezas y limitaciones, sus entornos familiares de ocio, de estudios, de trabajo, de fiestas, de su vida afectiva dañada y, a veces, sobre protegida... Sueño en que los comprendamos y los ayudemos a encauzar la energía que les bulle dentro a borbotones, en un trabajo que les permita mirar al mundo con esperanza y al horizonte despejado en que puedan encontrar trabajo para realizarse y servir a su país. 

      Sueño en que esta tierra entrañable y acogedora descubrirá, cada vez más, admirada y agradecida, la dignidad y la misión de la mujer con su peculiar e invalorable aporte a la intuición, afectividad, capacidad de generar vida y cuidarla, ser alma de nuestra sociedad, aveces tan dura e inmisericorde. 

          Sueño en que nuestros políticos y hombres públicos miren lejos para descubrir y comprometerse en el bien común y no se queden miope mente en el bien de su tienda política o en intereses particulares. Sueño que sean personas de talante ético y con pasión por la justicia social, que sean respetuosos de las legitimas discrepancias y que estén abiertos a toda propuesta constructiva, venga de donde sea. Sueño que sean personas de recias convicciones democráticas y piensen con realismo en el bien del país. Sueño que no quieran traer siempre el agua a su molino, con o si todos los bienes vinieran por ellos y todos los males de los otros. En una palabra, sueño en personas honestas, justas, libres y solidarias que no quieren servirse de los otros sino servir a todos porque esa es la vocación del político. 

          Sueño en una Iglesia que se levadura de Dios para la historia, que sea comprensiva, acogedora y fraterna, apasionada por Jesucristo y la humanidad, inserta en el mundo que le toca vivir, solidaria, con todas las inquietudes y esperanzas de los hombres y mujeres, que acoja a todos con misericordia, especialmente a los más empobrecidos y marginados, y sirva a todos con sencillez, con entrega y alegría, que con su vida más que con su palabra nos anuncie la Buena Noticia, de que todos somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos y denuncie con valentía cualquier atropello a los derechos inviolables de toda persona. Sueño con una Iglesia de auténticos testigos, insertada en la historia de los hombres, como presencia salvadora del Señor y como fuente de paz, alegría y esperanza. 


II. ¿Este sueño es una utopía?

          Es la utopía del Reino que se irá haciendo realidad en la medida en que todos nos empeñemos en luchar infatigablemente para que este proyecto de Dios Padre se haga cada vez más verdad en la tierra de los hombres y mujeres que somos sus hijos. La plenitud llegará cuando crucemos el umbral del tiempo de pecado. Mientras tanto, debemos apresurar esa hora. Podemos contar con el Señor, para quien no hay nada imposible, y convencidos de que el Dios de Jesucristo es comprensivo sin limites, dador de libertad, incondicionalmente fiel, implicado en nuestra pequeñez humana, gozoso de vernos crecer y disfrutar, pues "su gloria es que seamos y vivamos felices, dedicados a aceptarnos por completo como somos -si no lo suyo no sería amor- pero a la vez soñandonos mejores de lo que somos". 

        ¿A que me compromete este sueño de Dios?

   1º  A luchar con ilusionada esperanza, dentro del ámbito en que nos movemos, para                 hacer realidad esta voluntad de Dios.

   2º  A jugarnos con optimismo por una causa que bien vale la pena y nos traerá la                      felicidad y la alegría de convivir como hermanos en un mundo más habitable, justo      y        reconciliado. 

   3º  A instaurar un diálogo sincero y leal, buscando juntos este sueño de Dios y                           discerniendo el modo de bajar a la vida precisamente, este sueño de Dios. 

 4º  No capitular frente a las dificultades que pueden surgir. Contamos con la                               intercesión siempre discreta, pero eficaz, de nuestra Madre. 



                           José Mª Guerrero, sj                          Eduardo Carreño C. - Comunicaciones
                                                                                                  Parroquia San Gregorio 










jueves, 8 de junio de 2017

La Santísima Trinidad - (Solemnidad).

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
El domingo de la Santísima Trinidad, que celebramos el domingo después de Pentecostés, es como una transición entre los cincuenta días de Pascua y los domingos del tiempo ordinario. En estricto rigor, esta fiesta no hubiera sido necesaria en el calendario litúrgico, pues todas nuestras celebraciones están siempre centradas en el Dios Trino. Pero no es superfluo el que un domingo celebremos la Eucaristía, con la mirada puesta de manera explícita en Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y lo hagamos al concluir la Pascua, en la que hemos contemplado y celebrado la actuación salvadora y poderosa del Padre, la entrega filial y redentora del Hijo y la donación vivificadora del Espíritu. 

Celebrar al Dios Trino puede parecer para algunos algo abstracto y frío, pero es todo lo contrario. Precisamente, las lecturas bíblicas nos revelarán a un Dios cercano, "compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad"  (1ª lectura), Dios del amor y la paz (2ª lectura) y el Dios que tanto amó al mundo que entregó a su Hijo, para que los que creen en él tengan Vida eterna (Evangelio). 


En Cristo, que es el Hijo de Dios y a la vez nuestro hermano, se nos ha dado revelado el misterio de Dios, que es comunión de amor, y también se nos ha revelado quienes somos nosotros: partícipes de esa comunión de amor, llamados a testimoniarla en la vivencia de la caridad. 


Entonces, la mejor manera de creer y conocer la Santísima Trinidad es seguir los pasos y enseñanza de Jesús, quien vivió como Hijo querido de Dios Padre y que, movido por su espíritu, se dedicó a mostrar el amor de Dios y hacernos partícipes de Él. 

En este domingo de la Santísima Trinidad, demos gracias a Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo, en la comunión del Espíritu Santo, por encontrarnos reunidos en torno a esta Solemnidad, para celebrar el Misterio de Dios en la Eucaristía. Nos disponemos, con buen ánimo, para entrar en esta comunión de amor a través de la celebración Eucarística.

Primera lectura:   Ex 34. 4-6. 8-9  
El Dios en el que creemos es un Dios infinitamente grande, pero a la vez cercano y bondadoso con su pueblo.
Lectura del libro del Éxodo.

Salmo:   A tí, eternamente, gloria y honor.

Segunda lectura:   2 Cor 13. 11 - 13
Creer en Dios no es algo abstracto y frío, es vivir en alegría y armonía. Dios es amor y paz. Así nos lo recuerda san Pablo.
Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Aclamación al Evangelio:   
Aleluya. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. Aleluya. 

Evangelio
Dios ama al mundo y quiere la salvación de todos. este es el don que Jesucristo ofrece a quien cree en él. 


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.  Juan 3, 16 - 18 
Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra de Dios.




Reflexión:  La celebración de hoy, nos permite reflexionar sobre el Dios en el cual creemos los cristianos y el lugar que ocupa en nuestra vida. Es una buena ocasión para recordar el primer mandamiento "no tendrás otro Dios más que a mí".
¿Cómo es la comprensión que tengo de Dios? ¿Tengo una relación cercana y viva con él?


Fe y Vocación
La Biblia presenta numerosos relatos de vocación y de respuesta de jóvenes. A la luz de la fe, estos gradualmente tomaron conciencia del proyecto de amor apasionado que Dios tiene para para cada uno. Esta es la intención de toda acción de Dios, desde la creación del mundo como lugar "bueno", capaz de acoger la vida, y ofrecido como un don como la urdiembre de relaciones en las que confiar.

Creer significa ponerse a la escucha del Espíritu y en dialogo con la Palabra que es camino, verdad y vida (Jn 14,6) con toda la propia inteligencia y afectividad, aprender a confiar en ella "encarnándola" en lo concreto de la vida cotidiana, en los momentos en los que la cruz está cerca y en aquellos en los que se experimenta la alegría ante los signos de resurrección, tal y como hizo el "discípulo amado". Este es el desafío que interpela a la comunidad cristiana y a cada creyente individual.

El espacio de este dialogo es la conciencia. Como enseña el Concilio vaticano II, esta es "núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella" (Gaudium et spes,16). Por lo tanto, la conciencia es un espacio inviolable en el que se manifiesta la invitación a acoger una promesa. Discernir la voz del Espíritu de otras llamadas y decidir qué respuesta dar. Es una tarea que corresponda a cada uno: los demás lo pueden acompañar y confirmar, pero nunca sustituir. 


Sínodo de los Obispos XV Asamblea General Ordinaria
Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional 
Documento preparatorio. 



El Domingo, día del Señor
Eduardo Carreño C. - Comunicaciones
Parroquia San Gregorio 

viernes, 2 de junio de 2017

Domingo de Pentecostés (Solemnidad)

"Como el Padre me envió, YO TAMBIÉN LOS ENVÍO A USTEDES".
En este día de Pentecostés, celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y el comienzo de la misión de la iglesia alentada y sostenida con la fuerza de este mismo Espíritu. También concluimos el tiempo pascual, un tiempo especialmente marcado por la alegría de la presencia del Señor Resucitado.
La Palabra de Dios que hoy se nos proclama, nos alienta al mostrarnos a los discípulos de Jesús que, expectantes y atemorizados, después de la Resurrección de su Maestro, son transformados por el Espíritu Santo en valientes testigos, capaces de superar sus temores y toda barrera de raza o cultura. San Pablo nos recordará que aunque somos diferentes, con distintas cualidades, tenemos el mismo Espíritu, y estamos llamados a hacerlo fructificar para que la obra de Jesús continúe. Por su parte, el Evangelio nos muestra a Jesús Resucitado dando el don de la paz a los Apóstoles, enviándolos como testigos de su misericordia, por la fuerza de su Espíritu.  
Celebrar Pentecostés tiene que animarnos a todos, pues los discípulos, hoy, somos todos los que nos reunimos para celebrar la Eucaristía. El mismo Espíritu que viene sobre los Apóstoles, el Espíritu de Jesucristo Resucitado, lo hemos recibido por los sacramentos del Bautismo y la Confirmación. Ese Espíritu nos une a Cristo y nos hace sus testigos.
Al concluir el tiempo de Pascua que nuestro corazón pida humildemente la efusión del Espíritu Santo sobre nosotros y toda su Iglesia. Que este Espíritu, que obra maravillas, nos una cada vez más a Cristo, y nos empuje a vivir de tal manera, que seamos siempre sus testigos, anunciadores de su Evangelio a los hombres y mujeres de hoy. 

Con la Solemnidad de Pentecostés, concluye el Tiempo Pascual, y celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, reunidos en oración con María, madre de Jesús. No es un mero recuerdo de aquel acontecimiento, sino una realidad, un misterio sobre natural que se realiza aquí y ahora. Hoy, como los discípulos, somos invitados a superar los miedos e inseguridades, y a experimentar en nuestras vidas la fuerza del Espíritu Santo. 

Los Apóstoles quedan llenos del Espíritu Santo y comienzan a hablar las maravillas de Dios. El Espíritu Santo se hace presente en la Comunidad Cristiana, la guía y enriquece con sus dones y la conduce a la unidad. El perdón de los pecados es una gracia singular, un don que el Espíritu Santo nos otorga. 

Primera lectura:   Hechos 2, 1 - 11

Salmo 103:   Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra

Segunda lectura:   1 Cor 12, 3 - 7. 12 -13 

Secuencia:  Ven Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz. Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz. Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres. Tu eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto. Penetra con tu santa luz en lo más intimo del corazón de tus fieles. Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente. Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, sana nuestras heridas. Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos. Concede a tus fieles, que confían en ti, tus siete dones sagrados. Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría. 

Aclamación al Evangelio:  Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Aleluya. 

Evangelio:  Juan 20, 19 - 23
Evangelio de nuestro señor Jesucristo según san Juan. 
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!" Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al señor. Jesús les dijo de nuevo:     "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Palabra del Señor.   R/. Gloria y Honor a Ti. Señor Jesús.

Reflexión:
En Pentecostés, se cumple la promesa de Jesús, llega el espíritu santo y se inicia la misión de la Iglesia en el mundo. Como los discípulos somos invitados a superar los miedos e inseguridades. ¿Experimentamos en nuestras vidas la fuerza del espíritu Santo? ¿Tenemos la preocupación, el deseo de anunciar a otros, nuestra fe en Jesucristo? ¿Proclamamos las maravillas que Dios realiza?.


El Domingo, día del Señor
Eduardo Carreño C.- Comunicaciones
Parroquia San Gregorio

jueves, 25 de mayo de 2017

¡ A Misionar se ha dicho !


Al concluir su misión encarnado aquí en la tierra, Jesús vuelve a la casa del Padre. Es lo que celebramos en esta solemnidad litúrgica... Pero al irse nos deja a todos nosotros -sus discípulos- la tarea ineludible de ser en todo momento, en todo lugar y para siempre sus misioneros; es decir, sus enviados a anunciar el evangelio enseñado por Jesús, el Señor, con palabras y testimonios de vida. 


Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, nos dice el Señor. Afirma que es fundamental para nuestra vida cristiana que debemos enseñar a cumplir todo lo que Él nos ha encomendado. Nos encarga que seamos "profesores", "educadores", de los demás... Pero, ¿Cómo podemos cumplir esta misión que nos encomienda el señor? 

Hay hermanos y hermanas que son llamados a la vida sacerdotal o consagrada, o aún sin serlo, han recibido la vocación docente siendo educadores. Pero, ¿y los que no somos necesariamente profesores?...

Hay una clave para que todos, sin excepción alguna, podamos cumplir este encargo del Señor Jesús, más allá de quienes han recibido esa especial vocación. Y es aplicando un dicho popular que dice: las palabras se olvidan los hechos permanecen. Asimismo, además de lo que podamos comunicar, con palabras, sobre Jesús y sus enseñanzas, hagámoslo sobre todo con el testimonio de nuestra vida, ajustando nuestra manera de ser, pensar y de actuar a lo que nos pide Jesucristo... Es el mejor modo de enseñar a cumplir lo que él nos ha mandado...

Ambientación:  Vinimos al encuentro con el Señor Jesús y él nos espera, con su Palabra y con su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Así, él nos acompañará y enseñará a ser sus misioneros en nuestros hogares, nuestras comunidades, lugares de trabajo y en la sociedad. 

Primera lectura:  Hechos 1, 1 - 11
Con la fuerza del Espíritu Santo, que recibimos en nuestro Bautismo y Confirmación, somos llamados a ser testigos del Señor y su Palabra hasta los confines de la tierra. 
Lectura de los Hechos de los Apóstoles. 

Salmo:   El Señor asciende entre aclamaciones.

Segunda lectura: Efesios 1, 17 - 23
El Espíritu de sabiduría que recibimos nos permite conocer al Señor y ser sus testigos ante los demás. 
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso. 

Aclamación al Evangelio.
Aleluya. "Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo", dice el Señor. Aleluya.

Evangelio:  Mateo 20, 18 - 20
Los cristianos recibimos el mandato y el poder de trasmitir el evangelio de Jesús. 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo. Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo:  "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin                                                 del mundo". 

Palabra del Señor.       R. Gloria y honor a ti, Señor Jesús. 

Reflexión:  ¿Nos comprometemos a ser misioneros?    ¿Somos ejemplo del evangelio de Jesús para los demás?  ¿Nos quedamos solamente en el templo, o en palabras?

Cristo, con la Ascensión al Padre, no abandona al mundo. 
Su presencia sigue entre nosotros, en la comunidad cristiana, 
en la eucaristía, en su palabra, en los pobres. 
Por medio de nosotros continúa su obra salvadora. 


El Domingo, día del Señor
Eduardo Carreño C. - Comunicaciones
Parroquia San Gregorio.
                               






sábado, 25 de febrero de 2017

El Domingo, día del Señor. - 8º Domingo durante el año.

¡Buscar PRIMERO EL REINO DE DIOS y su justicia!
Hay algo que los hombres, de todos los tiempos y lugares han buscado, algunos desesperadamente, otros anhelantes: la felicidad. En el Sermón de la Montaña el Señor viene al encuentro de esta aspiración universal ¿Cuál es el camino? Es distinto y discrepante del que han seguido o indicado otros maestros en la vida de este mundo. No reside en las cosas, que son caducas y perecederas. No reside en las personas porque defraudan, olvidan y también mueren. ¿Dónde encontrar el agua que calma toda sed? Jesús indica el camino: el hombre ha de hacerse libre. Quien posee algo  depende de ese algo y está incapacitado para ser verdaderamente libre: cosas, personas, dinero, riqueza, amarran al hombre. ¿Dónde está la dicha verdadera? "Busquen el Reino de Dios y su justicia y lo demás se les dará por añadidura", Eso es lo principal. Pero buscar el Reino no es una actividad paralela a las demás actividades de la vida, es la principal y compromete todo el ser con sus esfuerzos, inquietudes y aspiraciones. 

Jesús es muy consciente que el hombre no es un pájaro del cielo, ni un lirio del campo. Sino que se le ha dado inteligencia y espíritu de iniciativa y que debe emplearla, pero que hay otros valores por encima del comer, beber, vestir o tener cosas. Detrás de todo esto queda un destino personal. Y mi destino personal no lo pueden garantizar las riquezas. No se puede servir a dos señores: a Dios y al dinero. Sólo puede haber un valor supremo. Quien hace de las cosas un Dios acabará adorándolas como un idólatra.

Buscamos vivir de acuerdo a la voluntad del Señor, y el evangelio nos hace tomar conciencia que: -La fe no se agota en conceptos o teorías, sino que es esencialmente relación de confianza y abandono; - Que el hecho de creer en Dios nos debe disponer a vivir en una actitud de dependencia amorosa, sabiendo que Dios es Padre y que nos ama como hijos; - Que lo esencial en nuestra relación con él es dejarle que sea Dios, que manifieste su amor en nosotros, abriéndole nuestra vida; - Que en la medida que uno le dé a Dios el lugar que le corresponde así podremos vivir plenamente lo que somos y lo que buscamos; - Que de nuestra vida depende la realización y la manifestación del proyecto de amor del Padre. cada uno es protagonista del sueño que Dios tiene para la humanidad.

Primera lectura: Is 49, 14-15
El Señor nunca abandona a su pueblo.
Lectura del libro de Isaías.

Salmo responsorial:  Sólo en Dios descansa mi alma.

Segunda lectura:  1 Cor 4, 1-5
Dios es el único que conoce las intenciones profundasd del corazón humano.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Aclamación al Evangelio.
Aleluya. La Palabra de Dios es viva y eficaz; discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Aleluya.

Evangelio:  Mt 6, 24 - 34 
El auténtico discípulo pone su seguridad en el Reino de Dios y su Justicia.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Dijo Jesús a sus discípulos: Nadier puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer o qué van a beber, ni por su cuerpo, pensando con qué se va a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pajaros del cielo: ellos no siembren ni cosechan, ni acumulan en graneros y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quien de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: "¿Qué comeremos, que beberemos, o con qué nos vestiremos?". Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan: Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por si mismo. A cada día le basta su aflicción.
Palabra del Señor.        R./ Gloria a ti, Señor Jesús. 

Reflexión:
El Señor es enfático al decirnos: "... no vayan diciendo preocupados, ¿qué vamos a comer o a beber... ¿cuáles son mis preocupaciones?, ¿cuáles son esas cosas que me angustian y que no me ayudan a vivir en confianza plena en el Señor. ¿Cuál es mi relación con el Señor?, ¿qué implica para mi buscar en primer lugar el Reinado de Dios y su justicia?.


El Domingo, día del Señor
Eduardo Carreño C - Comunicaciones
Parroquia San Gregorio.

viernes, 10 de febrero de 2017

6º domingo durante el año.


Pero yo les digo:
Después de enseñar las bienaventuranzas, Jesús continuó anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios a la multitud, indicando las reglas para ser miembros de la comunidad que se congrega en su nombre. 
La Ley de la Antigua Alianza continúa vigente, pero la perfección no está más en el cumplimiento exterior, sino en el corazón del hombre y en el respeto a las personas como imágenes es de Dios. 
Jesús, que enseñaba la validez del sábado y la Ley, no duda en trasgredir el reposo santo para hacer obras buenas como sanar o perdonar a las personas. Era su manera de enseñar poniendo en pr´ctica las palabras que pronunciaba. Una forma de llegar al corazón de la Ley dada por Dios y no a su reglamentación o tradición humana.
El Señor es un maestro en situar el corazón en el centro del hombre. "No matarás", pero pero la perfección está en no tener rabias ni rencores porque allí se genera la decisión del homicida. Allí está la fuente del bien y mal comportamiento y de donde salen las palabras, los gestos, y hasta la saña que mata. Allí se aloja la raíz de la muerte y de la vida. El odio mata más que las armas.
El Señor también es un maestro en el arte de colocar en el centro al prójimo. El adulterio o la violación es la acción externa con que ofendemos gravemente a una mujer, a un hombre, a un menor. Pero la raíz del mal anida en nuestro interior cuando deseamos autocomplacernos sin amar ni respetar a la otra persona. Así llegamos a pecar contra nuestro prójimo, que Dios hizo a su imagen y semejanza, reduciéndolo a una mercancía que se usa y se tira.



Jesús declara que si no trabajamos seriamente en el centro de nosotros mismos para tener un corazón puro que nos haga felices y no ponemos en el centro de nuestro interés al hermano, no somos dignos de él ni ciudadanos de su Reino.
"Ustedes han oído que se dijo... Pero yo les digo", (Mt 5, 16-17).  


"Ustedes han oido, pero yo les digo"... Jesús no cuestiona las exigencias de la Bíblia ni intenta hacer un comentario sobre ellas: la ley de Cristo es un llamado a la purificación del corazón, es decir, de nuestras intenciones y deseos. Una lucidez que nace de una mirada puesta en Dios.




La Liturgia Cotidiana
Eduardo Carreño C. - Comunicaciones
Parroquia San Gregorio 

Nuestra Señora de Lourdes

Nuestra Señora de Lourdes – 11 de febrero.

La advocación de Nuestra Señora de Lourdes hace referencia a las dieciocho apariciones de la Virgen María, que Bernadette Soubirous (1844-1879) afirma haber presenciado en la gruta de Massabielle, a orillas del río Gave de Pau, en las afueras de la población de Lourdes, Francia, en las estribaciones de los Pirineos, en el año 1858.
Ya en vida de Bernadette, multitud de católicos creen en las apariciones de la Virgen María como vehículo de la gracia de Dios. El papa Pío IX autoriza al Obispo local para que permita la veneración de la Virgen María en Lourdes en 1862, unos diecisiete años antes de la muerte de Bernadette.

Bernadette Soubirous es proclamada santa por Pío XI el 8 de diciembre de 1933. Desde entonces, la advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de Lourdes es motivo de gran veneración, y su santuario es uno de los más visitados del mundo, cerca de ocho millones de personas peregrinan allí cada año. Nuestra Señora de Lourdes es declarada por la Iglesia como patrona de los enfermos.  

La Liturgia Cotidiana
Eduardo Carreño C. - Comunicaciones
Parroquia San Gregorio